La Crujía (2025), de la serie Relatos por casa son piezas que nacen en un lugar, en un paseo, en una conversación al azar. No existen antes, solo en el encuentro con ese relato. En el caso particular de La Crujía, no existe tal azar. El encuentro con Elvira Navarro es provocado y deseado. Encontrarse con una de las arquéologas involucrada en la recuperación de Las Claras de Murcia ha sido parte de este proceso de creación. Elvira muestra el libro en la página donde aparece un pequeño zócalo: “Recuerdo que al descubrirlo me puse a calcarlo, el zócalo y los restos nos hablan de qué fue ese espacio anteriormente”–dice con una sonrisa. Es en ese instante, al mencionar la crujía, cuando la pieza nace. Sin pensarlo, surge la pregunta sobre su significado, y de inmediato ella traza con el dedo el esquema que tiempo atrás se encargó de dibujar—planimetrías, para ser más precisos. Relata que es el espacio entre dos muros de carga alrededor de un patio, y en ese momento, este Relatos por Casa encuentra su lugar.
Estaban en busca del muro del Palacio Menor, ese espacio de recreo, más allá de la Madina amurallada. Pero la excavación sacó a la luz otra historia: siete casas alineadas, los vestigios de quienes vivieron en los márgenes, en el arrabal, lejos de los lujosos palacios de emires y príncipes. No eran lo que buscaban, pero estaban ahí, aferradas a la tierra como testigos de una vida que nunca aspiró a ser recordada.Lo que un día fue hogar, lo que un día desapareció bajo el polvo del tiempo y del olvido, vuelve a cobrar vida. Esta sala cultural en la que se encuentran.












